jueves, 3 de octubre de 2013

El principio

Sombras. Es todo lo que recuerdo hasta aquel día. Me sentía entre dos mundos, pero al mismo tiempo era como si no perteneciese a ninguno. Me sentía vagar, deambular por lugares que desconozco, casi sin ser consciente de mi propia existencia.
Hasta que de pronto... algo tiró de mí.

Vi a una mujer, estaba todo demasiado borroso. Era como si no hubiese visto hasta entonces, como si mi visión hubiera estado apagada en cierta forma. Pero poco a poco, tras algunos instantes de turbación, pude ver la verdad de esa mujer. Algo me decía que tenía que obedecerla, que era superior a mí. No sabía exactamente por qué, me frustraba.
Yo no soy el siervo de nadie. Mucho menos cuando me arrancan de algún lugar con intención de darme órdenes. Aunque no recuerde cuál era.

Poco a poco fui recordando algunos trazos de los momentos que he ido... ¿viviendo? desde mi muerte. A veces intentaba hablar con alguien. Pero no me escuchaban ni me veían. Era frustrante y doloroso. Sé que en alguna ocasión he intentado hablar con alguien que era importante para mí en vida. El dolor... el rechazo... el miedo.
Aunque ya no recuerdo nada de mi vida, de las personas a las que alguna vez amé... me siento tan solo. Tan perdido.

-Quiero que cuides de mi hija.-Me ordenó con voz inquisitiva, con el semblante serio. Aquellos recuerdos regresaron a mí en cuestión de segundos. No sabía cuánto tiempo llevaba sin hablar con nadie, pero no me agradó en absoluto su tono de voz.
Y sin embargo... tuve que obedecerla.

De pronto estaba ya al lado de una pequeña que jugaba sola en un jardín bastante grande. Era muy pequeña, me sorprendía que pudiese caminar y casi correr de esa forma. La observé durante bastante rato, casi con indiferencia. Pensé con ironía: “Tener que morir para que me obliguen a hacer de niñero...”

Permanecí ahí mucho tiempo, mirándola y vigilando alrededor. ¿Por qué tendría que cuidar de ella?
Me sentía desolado, más perdido incluso. Había estado vagando sin rumbo, sin consciencia durante a saber cuánto tiempo. Y entonces, me obligaban a ser consciente de mí mismo para descubrir de nuevo lo solo que estaba.

-¿Por qué estas tan triste?-Escuché de pronto una voz infantil, melodiosa y suave. Miré a la niña con gran incertidumbre.
Y todo se congeló cuando la descubrí mirándome directamente.

No... podía ser. Tenía que ser casualidad.

-¿Cómo te llamas?-Me preguntó con una mirada cargada de curiosidad e inocencia. No respondí, todo a mi alrededor estaba frío, quieto.
Intentaba hablar. ¿Hacía cuánto tiempo desde la última vez que intente hacer algo parecido a eso? Abrí la boca. Pero nada salió de mí.
Me esforcé todo lo que pude. Ella seguía mirándome con esos enormes ojos curiosos.
De todas formas... ¿qué iba a responder? ¿Cómo me llamaba? ¿Quién era yo?
Observé a mi alrededor desesperado, en busca de una respuesta. Pero no había nada, salvo un libro. No sé por qué, pude hacer otro esfuerzo para descifrar las palabras.

W...i...l...l...i...a...m

Una extraña voz, que no era exactamente eso, salió de mí para responder a la pequeña. Temí asustarla, pues... ni siquiera parecía una voz. Ni siquiera sonaba humano. Era gutural, era una brisa. Me dio miedo a mí mismo.
Pero a ella...

-William... ¡Will! ¿Quieres ser mi amigo?

Me quedé perplejo. Ella me estaba sonriendo, sin ningún miedo.
Sentí algo dentro de mí. Una sensación cálida, reconfortante. Un recuerdo de esa candidez. Lo más parecido a un corazón latiendo dentro de mi pecho.

Entonces comprendí... que no estaba del todo muerto. Que la muerte es solo el principio... que existen grandes motivos para seguir existiendo.

Esa sonrisa... ¿qué haría yo sin esa sonrisa?


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