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viernes, 23 de mayo de 2014

Poción mágica

En su habitación ella espera, como casi todas las noches.
Ya llevaba siempre consigo una linterna, porque la primera vez que le vio se asustó mucho. Pero ahora que se había acostumbrado a su presencia le agradaba mucho encontrar su rostro en la oscuridad.

Le gustaba que viniera porque solo hablaba con él. Era el único privilegiado que escuchaba su voz. Porque ella sabía que papá y mamá la querrían más si permanecía en silencio siempre. Al menos, eso le dijo su maravilloso amigo.

Recordaba la conversación que habían tenido la noche anterior. Esta noche es muy diferente a esa, se han desvelado demasiadas cosas terribles para su inocente mente, y no es capaz aún de asimilar lo que está ocurriendo delante de sus ojos.

La noche anterior:

-¿Has tenido un buen día hoy, Jenna?-Le preguntó él, con una sonrisa amable y cariñosa, cándida, como siempre.

-Sí, como todos.-Respondió ella, y suspiró.-¿Cuándo voy a poder hablar?

-Pronto. ¿Sabes? He encontrado algo maravilloso y mágico que te gustará.

-¿El qué?

-Es una poción mágica.-Le dijo él, y sacó un pequeño frasco, como los que enviaba a sus padres cada año. Sin embargo, ya no era necesario, puesto que ya no los necesitarían. Ella ya tenía lo que necesitaba delante de sus ojos.

-¡Ala!-Casi exclamó, aunque se tapó la boca, para asegurarse de que no la han escuchado. Permanecieron en silencio, expectantes. Pero nada ocurrió.-¿Y qué hace?

-Te da respuestas.-Le explicó él, acariciando su mejilla.-Mañana por la noche, dale a papá y a mamá un zumo con esta poción. Si ellos se quedan jugando contigo toda la noche, te quieren de verdad. Si por el contrario, se quedan dormidos... es que no te quieren, cariño.

Ella cogió el frasquito, y lo miró con algo de miedo.

[...]

Y esta noche...
Esta noche ella ha descubierto al fin la verdad. No es querida, solo hay una persona en el mundo que la quiere de verdad.
Permanece de pie, observando con miedo el cuerpo dormido de su padre, que ha caído con fuerza al suelo y se ha herido la frente.
Comienza a llorar, sin creerlo. Pero llora en silencio, por un dolor que proviene del corazón.

Detrás de ella, una figura conocida.

-Te dije que no te querían...-Le dice el hombre, agachándose y acariciando sus hombros, mirándola con fingida tristeza. Jenna le mira, con las mejillas empapadas.

Él, se incorpora y le sonríe. Le tiende la mano, mirando sus ojos con calidez y cercanía. Ella titubea y vuelve a mirar a su padre.

-Es hora de irnos.-Vuelve a decir el hombre.

Y la pequeña, se gira. Observa su mano, y tiende la suya con cuidado y algo de miedo, hasta rozar la de su amigo.
Finalmente, ella le sonríe.

-Gracias, Marcos.


jueves, 3 de octubre de 2013

El principio

Sombras. Es todo lo que recuerdo hasta aquel día. Me sentía entre dos mundos, pero al mismo tiempo era como si no perteneciese a ninguno. Me sentía vagar, deambular por lugares que desconozco, casi sin ser consciente de mi propia existencia.
Hasta que de pronto... algo tiró de mí.

Vi a una mujer, estaba todo demasiado borroso. Era como si no hubiese visto hasta entonces, como si mi visión hubiera estado apagada en cierta forma. Pero poco a poco, tras algunos instantes de turbación, pude ver la verdad de esa mujer. Algo me decía que tenía que obedecerla, que era superior a mí. No sabía exactamente por qué, me frustraba.
Yo no soy el siervo de nadie. Mucho menos cuando me arrancan de algún lugar con intención de darme órdenes. Aunque no recuerde cuál era.

Poco a poco fui recordando algunos trazos de los momentos que he ido... ¿viviendo? desde mi muerte. A veces intentaba hablar con alguien. Pero no me escuchaban ni me veían. Era frustrante y doloroso. Sé que en alguna ocasión he intentado hablar con alguien que era importante para mí en vida. El dolor... el rechazo... el miedo.
Aunque ya no recuerdo nada de mi vida, de las personas a las que alguna vez amé... me siento tan solo. Tan perdido.

-Quiero que cuides de mi hija.-Me ordenó con voz inquisitiva, con el semblante serio. Aquellos recuerdos regresaron a mí en cuestión de segundos. No sabía cuánto tiempo llevaba sin hablar con nadie, pero no me agradó en absoluto su tono de voz.
Y sin embargo... tuve que obedecerla.

De pronto estaba ya al lado de una pequeña que jugaba sola en un jardín bastante grande. Era muy pequeña, me sorprendía que pudiese caminar y casi correr de esa forma. La observé durante bastante rato, casi con indiferencia. Pensé con ironía: “Tener que morir para que me obliguen a hacer de niñero...”

Permanecí ahí mucho tiempo, mirándola y vigilando alrededor. ¿Por qué tendría que cuidar de ella?
Me sentía desolado, más perdido incluso. Había estado vagando sin rumbo, sin consciencia durante a saber cuánto tiempo. Y entonces, me obligaban a ser consciente de mí mismo para descubrir de nuevo lo solo que estaba.

-¿Por qué estas tan triste?-Escuché de pronto una voz infantil, melodiosa y suave. Miré a la niña con gran incertidumbre.
Y todo se congeló cuando la descubrí mirándome directamente.

No... podía ser. Tenía que ser casualidad.

-¿Cómo te llamas?-Me preguntó con una mirada cargada de curiosidad e inocencia. No respondí, todo a mi alrededor estaba frío, quieto.
Intentaba hablar. ¿Hacía cuánto tiempo desde la última vez que intente hacer algo parecido a eso? Abrí la boca. Pero nada salió de mí.
Me esforcé todo lo que pude. Ella seguía mirándome con esos enormes ojos curiosos.
De todas formas... ¿qué iba a responder? ¿Cómo me llamaba? ¿Quién era yo?
Observé a mi alrededor desesperado, en busca de una respuesta. Pero no había nada, salvo un libro. No sé por qué, pude hacer otro esfuerzo para descifrar las palabras.

W...i...l...l...i...a...m

Una extraña voz, que no era exactamente eso, salió de mí para responder a la pequeña. Temí asustarla, pues... ni siquiera parecía una voz. Ni siquiera sonaba humano. Era gutural, era una brisa. Me dio miedo a mí mismo.
Pero a ella...

-William... ¡Will! ¿Quieres ser mi amigo?

Me quedé perplejo. Ella me estaba sonriendo, sin ningún miedo.
Sentí algo dentro de mí. Una sensación cálida, reconfortante. Un recuerdo de esa candidez. Lo más parecido a un corazón latiendo dentro de mi pecho.

Entonces comprendí... que no estaba del todo muerto. Que la muerte es solo el principio... que existen grandes motivos para seguir existiendo.

Esa sonrisa... ¿qué haría yo sin esa sonrisa?


domingo, 25 de agosto de 2013

Secretos en la ciudad

Se despidieron tras estrechar las manos en señal de acuerdo.  Había sido una conversación muy dura y difícil de comprender. ¿Cómo habían llegado hasta ese punto en la ciudad? Tendría que contactar con él.
Tendría  que informar de lo que está ocurriendo en la ciudad del Príncipe.

En silencio, camina hacia ese Palacio donde se ubica el Elíseo de aquel que procuraba mantener un orden en Londres.
La información que portaba era tan sumamente delicada que no podía confiar en nadie que no fuera el propio Príncipe o… su mano derecha de confianza.

Como cada noche, Miles se paseaba y recibía a todo aquel que quería contactar con su superior, tan neutral y frío como siempre. Es una buena contraposición teniendo en cuenta la naturaleza del Príncipe.
Se acerca en silencio, y con palabras sutiles explicando lo que sus contactos le habían declarado, informa a ese hombre de mirada oscura y penetrante.

-Gracias, Víctor.-Susurra el hombre tras no haber expresado ninguna emoción durante la explicación de su compañero, a pesar de la gravedad del asunto.-Nos encargaremos de ello.

En silencio, el aludido se retira para no intervenir más e el asunto. En según cuales, todos saben cuándo deben desistir a la hora de indagar.
Aquel hombre que permanece siempre en ese lugar, se queda pensando durante largo rato. Suspira decepcionado, y en su gran despacho por donde, quién quiera acudir a la recepción del Príncipe, debe atravesar, se aventura a hacer una llamada.
Es una conversación breve y seca, pero imperativa. Concluye, en una orden que se ha de obedecer para mantener aún en secreto todos aquellos misterios que no logran resolverse.


“Llévatelos lejos, donde yo no pueda volverlos a ver.”


viernes, 23 de agosto de 2013

Esta noche el ambiente es tranquilo y suave. No hace tanto frío como las noches anteriores, salvo por algunas brisas de aire que recorren la piel de todo aquel que camine por la ciudad.
Una mujer, de regreso a casa, caminando confiada por esa ciudad aún desconocida.
No sabe los peligros que dejó atrás, junto a sus recuerdos.

Empieza a sentirse nerviosa, sabe que alguien la está vigilando. Camina con más velocidad, dispuesta a llegar a casa cuanto antes para cobijarse de cualquier miedo. Pero alguien le impide ese regreso.
Una figura, de pie y quieta delante de ella. La observa, divertida y curiosa.
La mujer respira agitada, asustada por ese encuentro.

-Al fin, nos volvemos a ver...-Comienza a decir una voz femenina. La aludida retrocede un par de pasos, pero alguien consigue agarrarla. Y casi sin darse cuenta, todo se vuelve oscuro para ella.

La noche pasa a oscuras, algunas voces, ecos de recuerdos que con violencia aparecen en la mente de la muchacha.
En una habitación, perdida en algún lugar de esa terrible Londres.
Alguien explora, saca a la luz cualquier información oculta bajo el velo de la incertidumbre. La mujer llora y se retuerce de miedo, de dolor. Mientras otros intentan mantenerla despierta para que cuente poco a poco las imágenes que recurren a ella.
A veces se niega a hablar, y es castigada con violencia. Tiembla.

Entre sus recuerdos aparecen en ocasiones otros que la salvan, que la hacen mantenerse viva y fuerte. Aquel hombre que nunca la dejaría sola, y un futuro que siente que se desmorona.
Se lleva las manos al vientre, casi instintivamente, cuando un nuevo golpe se prevé. Sin embargo, aquellos que la mantienen presa también evitan ese contacto.

Pasa el tiempo, incluso algunos rayos de sol han rodeado el edificio hace bastantes horas. Pero no se han adentrado en la sala.
Algunos están cansados, y poco a poco ella ya no puede resistir más.

-Suficiente.-Ordena uno de ellos, también agotado y con necesidad de terminar.

-Alguien ha intentado saber de ella.-Susurra otro, con mirada extraña, tan peculiar como la noche que renunció a seguir adelante con su proyecto.-Probablemente, él.

-Que la observe, pues. Ya tenemos lo que necesitamos.


domingo, 18 de agosto de 2013

Noticias a medianoche

Una pequeña luz ilumina la estancia donde cuatro personas conversan en voz baja, dentro de ese Palacio donde nadie se atreve a pasar al caer la noche.
Tres golpes suaves interrumpen el apacible silencio del lugar, y uno de los Vástagos, el que aparenta más edad de todos, invita al nuevo inquilino a pasar.
Algunas preguntas suaves, con tonos tan ligeros que parece que una melodía surge de esa habitación.

-Ella vive, parece no recordar nada de lo ocurrido.-Informa el recién llegado, provocando diferentes reacciones a cada uno de los presentes. Dos mujeres que lo observan divertidas, aunque una de ellas con una mirada llena de cinismo. El hombre de más edad se mantiene serio, escuchando a su siervo sin ningún ápice de emociones.
El último hombre, más pasional y frío a la vez, escucha con atención, reteniendo en su mirada una ira tan profunda que asustaría a cualquier mortal que osara mirarlo.

-¿Aquí, en la ciudad?-Pregunta una de las mujeres, sin dar crédito a lo que sus oídos escucha.

-Sí, estaba preocupada.-Susurra el recién llegado, con voz neutral pero cauta, midiendo sus palabras para no desestabilizar a los presentes.-Además... está embarazada. Justo del mismo tiempo desde que él nos dejó.

El hombre joven retira la mirada, dolido por escuchar eso último. Pero un leve destello de interés cruza su mirada durante unos breves segundos. Los suficientes para que nadie se percate de lo que su mente está analizando.

-Tendremos que hacerle una visita, ¿no crees, Alice?-Pregunta el señor de la persona que trae las noticias, con una sonrisa divertida.

-Una de mis visitas, ¿cierto?-Alice sonríe, con ese cinismo y sarcasmo propios de ella. Asiente en silencio como respuesta a esa pregunta, y nadie más tiene nada que decir.

El hombre sale para dejar de nuevo a los presentes a solas, y que puedan conversar y estudiar la situación. Apenas comparten más palabras, hasta que el muchacho joven decide levantarse y salir de la estancia.
Nadie pregunta porque a nadie le importa.

Sale del Palacio, y una vez fuera, lejos de miradas y oídos curiosos, decide al fin dejar de fraguar la idea que se le ha estado cruzando por la mente desde la visita de ese hombre. Para ponerla en marcha.
Sostiene un teléfono, y con una sonrisa comienza a hablar en voz baja, caminando despacio por la ciudad.

-Cambio de planes...-Susurra, revelando un leve signo de locura en sus ojos que más de un desafortunado se ha cruzado a lo largo de su vida.-No, ya hemos llamado demasiado la atención.-Una voz suena a través del teléfono, impaciente. Pero el hombre sonríe con tranquilidad.-Podemos aplazarlo, no queremos que nos descubran, ¿cierto?.-Susurra, y calla unos segundos.-¿Durante cuanto tiempo?


“...Yo diría que unos nueve meses...”