domingo, 18 de agosto de 2013

Noticias a medianoche

Una pequeña luz ilumina la estancia donde cuatro personas conversan en voz baja, dentro de ese Palacio donde nadie se atreve a pasar al caer la noche.
Tres golpes suaves interrumpen el apacible silencio del lugar, y uno de los Vástagos, el que aparenta más edad de todos, invita al nuevo inquilino a pasar.
Algunas preguntas suaves, con tonos tan ligeros que parece que una melodía surge de esa habitación.

-Ella vive, parece no recordar nada de lo ocurrido.-Informa el recién llegado, provocando diferentes reacciones a cada uno de los presentes. Dos mujeres que lo observan divertidas, aunque una de ellas con una mirada llena de cinismo. El hombre de más edad se mantiene serio, escuchando a su siervo sin ningún ápice de emociones.
El último hombre, más pasional y frío a la vez, escucha con atención, reteniendo en su mirada una ira tan profunda que asustaría a cualquier mortal que osara mirarlo.

-¿Aquí, en la ciudad?-Pregunta una de las mujeres, sin dar crédito a lo que sus oídos escucha.

-Sí, estaba preocupada.-Susurra el recién llegado, con voz neutral pero cauta, midiendo sus palabras para no desestabilizar a los presentes.-Además... está embarazada. Justo del mismo tiempo desde que él nos dejó.

El hombre joven retira la mirada, dolido por escuchar eso último. Pero un leve destello de interés cruza su mirada durante unos breves segundos. Los suficientes para que nadie se percate de lo que su mente está analizando.

-Tendremos que hacerle una visita, ¿no crees, Alice?-Pregunta el señor de la persona que trae las noticias, con una sonrisa divertida.

-Una de mis visitas, ¿cierto?-Alice sonríe, con ese cinismo y sarcasmo propios de ella. Asiente en silencio como respuesta a esa pregunta, y nadie más tiene nada que decir.

El hombre sale para dejar de nuevo a los presentes a solas, y que puedan conversar y estudiar la situación. Apenas comparten más palabras, hasta que el muchacho joven decide levantarse y salir de la estancia.
Nadie pregunta porque a nadie le importa.

Sale del Palacio, y una vez fuera, lejos de miradas y oídos curiosos, decide al fin dejar de fraguar la idea que se le ha estado cruzando por la mente desde la visita de ese hombre. Para ponerla en marcha.
Sostiene un teléfono, y con una sonrisa comienza a hablar en voz baja, caminando despacio por la ciudad.

-Cambio de planes...-Susurra, revelando un leve signo de locura en sus ojos que más de un desafortunado se ha cruzado a lo largo de su vida.-No, ya hemos llamado demasiado la atención.-Una voz suena a través del teléfono, impaciente. Pero el hombre sonríe con tranquilidad.-Podemos aplazarlo, no queremos que nos descubran, ¿cierto?.-Susurra, y calla unos segundos.-¿Durante cuanto tiempo?


“...Yo diría que unos nueve meses...”


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